Salvador Saenz

Continuación de los comerciales

Salvador Sáenz

 

“¿Qué le regalaré a mi marido en Navidad?” Era la tremenda cuestión que de pronto le atormentó a la señora Domínguez, ahora que llegaba diciembre. Para su fortuna (o desgracia, como se quiera ver) apareció en el televisor de la cocina un comercial que le arrancó la atención de inmediato, como cuando sucede un accidente de carros. El anuncio decía: “Señora, ya no se angustie más… Sí, usted que nos acaba de sintonizar. Televentas del Norte, la compañía que fabrica sueños, tiene el orgullo de ofrecerle a usted el regalo que ha hecho felices a todos los hombres de México. Le traemos en esta ocasión lo que todo buen marido debe tener en casa: ¡La historia del fútbol mundial en dieciséis videocasetes! Copa mundial, liga de campeones, copa libertadores, y lo mejor del fútbol mexicano de las últimas décadas. ¡Su marido la adorará, créanos!”.

Atónita, la mujer decide que ese será el regalo perfecto para encantar a su hombre y reencontrarse con él, pues ya el fuego de las relaciones íntimas se estaba apagando, ¡y ella quería arder otra vez! La señora Domínguez hace una llamada desde la comodidad de su cocina y en menos de siete días los videos ya están en sus manos. Cuando llega el momento esperado de la Navidad, abren los regalos en casa de los abuelos; el marido pega el grito y regresan temprano a su hogar para ver la primera cinta: Esa noche hacen el amor hasta el amanecer. El comercial lo había dicho ya, la felicidad inundaría el hogar de todas las familias y el marido se lo agradecería por el resto de sus días.

Desde entonces, el espejo le regresaba a la señora Domínguez una sonrisa nueva, casi inocente. Los platos se terminaban de lavar temprano y los niños eran despedidos a la escuela con un beso casi apasionado en el cachete, “Mamá, ¿qué tienes?” “Nada hijita, ¡qué les vaya bien, sáquense puros dieces!”. Los videos habían funcionado como lo esperaba, la flamante esposa estaba agradecida. Pero, destino maldito, que nos haces creer en los sueños; pero al paso del tiempo, nos traes la realidad cruda y desgraciada.

A la semana llegaron los amigos del esposo. El domingo se convirtió en un huracán. Los hombres se instalaron, tomaron la casa, bebían cerveza y el marido gastaba todo el dinero de la quincena en la comida para los camaradas. La mujer atendía los quehaceres, arreglaba a los niños y preparaba la botana de los borrachos. La suegra se enteró del suceso y fue a reclamarle a la pobre mujer que permitiera semejante barbaridad delante de sus hijos.

La esposa derramaba su llanto sobre la máquina de coser. Las tardes se gastaban amargamente. Le dolían las manos de tanto bastillar pues el dinero ya no alcanzaba para las necesidades y se veía obligada a retomar el viejo oficio. Las deudas se incrementaron y el marido se había embrutecido con aquellos videos que le chupaban el cerebro todos los días. Al ver las cintas sobre la videocasetera, la señora Domínguez, en un suspiro final, se reprochó haber comprado “el regalo perfecto”… En ese mismo instante, cuando reflexionaba todo esto, el televisor de la cocina anunciaba un producto que haría felices a las mujeres que querían aumentar su busto.